1985, una pieza perfecta para el teatro universitario

 Autor: Antonio Martínez Mengual


Pedro Manzano - 19.08.2020

 

El 30 de marzo de 1985, Martínez Mengual inaugura exposición en la Sala Municipal de Exposiciones del Ayuntamiento de Cieza. La muestra se anuncia con un cartel que diseña el propio pintor; un cartel de apabullante simplicidad y eficacia: sobre fondo blanco, un plato con frutas que ocupa la mitad superior del pliego, y la firma del artista, a gran tamaño, que se intuye desde la distancia como el motivo determinante por el cual ha sido editado el afiche.

Hay tres aspectos que merece la pena destacar en el cartel descrito: la potente grafía, la fuerza del trazo, a veces una línea, otras el rastro del pincel, que de forma casi automática conforma el objeto, casi simbólico, representado; el contenido y arriesgado contraste de color que se restringe a escasas tintas, y la importancia que adquiere el fondo blanco del papel.

Estas constantes en la producción gráfica de Martínez Mengual (a veces sustituye la aplicación del color por el uso de papeles rasgados) harán de sus carteles piezas memorables, que dotarán de identidad visual a no pocas acciones culturales ¡y literarias! celebradas en Murcia.

Un aspecto donde su impronta más personal será, sobre todo, en aquellos temas vinculados al mundo del teatro y la literatura. Me satisface recordar, de forma especial, la serie de carteles realizados para difundir los Cursos de Extensión Universitaria; esas columnas jónicas, que dejan ver, sorpresivamente apoyadas sobre ellas, las distintas actividades que anuncian.

Y, si nos referimos en especial al mundo de teatro, es relevante hacer mención de su colaboración durante años con el TU de Murcia, institución para la que realizará en 1985, el mismo año de la citada exposición en Cieza, dos magníficos carteles: La Gatomaquia, anunciador de la obra de Lope de Vega, con esos dos felinos que se observan en la parte superior de un afiche dominado por la intensidad de un azul réflex, y el aquí reproducido, impreso solamente con dos tintas, que difundirá la II Semana de Teatro Universitario. En este último destacan, sobre un intenso fondo negro, sujetas a varillas, unas máscaras expresionistas en vibrantes amarillos, que podrían recordar la pintura de Antonio Saura; un cartel que nos hace preguntarnos qué más haría falta para obtener una pieza perfecta.

Pero aún me gustaría destacar otro cartel de Mengual relacionado con el teatro, el creado en 1992 para la compañía Pura Envidia: La condena del hereje, realizado con unos expresivos trazos que representan una máscara griega en fondo amarillo; un cartel que recoge bien su interés por el mundo clásico, por la luz y el ámbito geográfico y cultural del Mediterráneo oriental, especialmente por Grecia.

 

 

Artículo original en La Opinión de Murcia




El artista Antonio Martínez Mengual recibe el "Pincel del Año 2020" del Concurso Internacional de Pintura Villa de Fuente Álamo

Antonio Martínez Mengual
[Foto: José Carlos Nievas]



Antonio Martínez Mengual (Murcia, 1948) ha sido nombrado ‘Pincel del Año 2020’ durante la presentación de la 48 edición del ‘Concurso Internacional de Pintura Villa de Fuente Álamo’.

El galardón denominado ‘Pincel del Año’ se creó en 2014 con el fin de servir como reconocimiento a un pintor/pintora (murciano/a) por toda su trayectoria. En esta nueva edición, el preciado galardón se entregará el próximo día 20 de julio, coincidiendo con la celebración del “Día de la Villa’.

Durante el acto de presentación de la nueva edición del concurso, José Antonio Oliver, concejal de Cultura, ha destacado el talento y la trayectoria del artista murciano.

Una trayectoria en la que el arte ha estado presente desde su más tierna infancia, no en vano la abuela materna de Martínez Mengual era hermana del insigne pintor murciano Pedro Flores, a quien conoció cuando Flores se trasladó a Murcia desde París, donde residía, para pintar los frescos de la cúpula del Santuario de la Fuensanta. Es en aquella época cuando nace en Antonio el interés por la expresión artística.

Martínez Mengual se define como un pintor autodidacta y expresionista. Desde sus inicios, en los años sesenta, sintió una profunda admiración por los pintores expresionistas, hecho que le haría evolucionar hacia el color y el gesto en el rasgo del expresionismo.

En los años ochenta ya es autor de una interesantísima obra pictórica en la que recurre a manchas y trazos que parecen buscar formas que hacen referencia a la naturaleza. Martínez Mengual formó parte de la primera muestra de Contraparada Arte en Murcia, con el Grupo: 15+1, estando siempre presente en los eventos de interés artístico que conforman lo mejor del arte actual de nuestra Región.

La dilatada carrera de Martínez Mengual dio comienzo en 1975, con la exposición titulada “Dibujos a tinta china” en la Galería Al-Kara de la capital murciana. A partir de entonces, Martínez Mengual fue desarrollando sus trabajos en serie, a la vez que investiga sobre la utilización de distintas técnicas y materiales, algo que hasta el día de hoy le ha permitido trabajar en cualquier especialidad dentro de la pintura, sin una inclinación concreta.

A partir de 1981, Antonio presenta su obra en distintas Galerías y Ferias, destacando su primera Feria, Arteder 83 en Bilbao, participando también en las primeras ediciones de la Feria Arco, en Madrid en 1985, 1986 y 1987 con la Galería Chys de Murcia. Paralelamente comienza sus trabajos con el grupo de arte SPYRAL.

En 1987, presenta dos importantes exposiciones: “Somos quien no somos”, sobre textos del poeta portugués Fernando Pessoa, en la Galería Chys, y “Amanecer”, en la Galería Alonso Ojeda de Cuenca.

En 1989, conoce al poeta valenciano Francisco Brines, y realiza una exposición sobre su obra poética bajo el título de “El otoño de las Rosas”, que se exhibe en el Palacio Almudí de la capital murciana. Esta exposición supone un punto de inflexión en la forma de trabajar de Antonio Martínez Mengual, ya que la poesía se constituye en una nueva e importante fuente de inspiración. Resultado de ello son las ilustraciones del libro: “La iluminada Rosa Negra”, sobre una selección de poemas de Brines. El libro, editado en 2004 por “Ahora Ediciones de Bibliofilia”, consiguió el Primer premio del Ministerio de Cultura al mejor libro editado en ese año.

En el año 1992, Martínez Mengual expone en la Exposición Universal de Sevilla, formando parte del Pabellón de la Región de Murcia, su: “Odisea Canto XXV”. Durante el mismo año, lleva a cabo dos exposiciones más: FATUM y OLEOS Y DIBUJOS.

En 1997, su obra atraviesa fronteras, llegando hasta Chicago, como parte de una exposición colectiva que lleva el título “Six Spanish Artists”. Un año más tarde expone nuevamente en la ciudad norteamericana de una manera individual en la Peter Bartlow Gallery, con gran éxito de crítica y público, suponiendo un nuevo punto de inflexión en su experiencia artística, marcada en esta ocasión por los contactos mantenidos con otras culturas y el descubrimiento de nuevas formas de trabajo.

En 1998, expone colectivamente en Francia y en 1999 participa en la Bienal de Arte de Florencia. El periplo internacional sigue con la presentación nuevamente en la Ciudad de los Vientos, de su exposición: “Odysseus” en 2003, año en el que también participa en la X International Biennale de El Cairo. La obra de Antonio Martínez Mengual, entre otros muchos lugares ha llegado a la Feria del Libro de Frankfurt, Miami o al Museo Dino Campana, en Italia.

Antonio terminó el pasado Siglo XX ilustrando el libro del escritor murciano Santiago Delgado “Crónica Particular”, y exponiendo “El Oriente del espíritu”, en la Sala Bizantina de la Ciudad Departamental, recibiendo incansable el Siglo XXI con el “Sueño de Jacob”, al que seguirán otras muchas exposiciones “Venezias” (2002), “Odysseus” (2003), “Imágenes de la Memoria” (2007), “La luz” y “Las arenas” (2008), “El hilo rojo” (2010),”EAR” (2011), “Este mar azul” (2013), “Luz Herida” (2014), “La carpeta de Atenas” (2015), “Delfos: El silencio del Valle” y “Buscando un color, encontré una Patria”, (2006),”Tristezas Ovidio” (2018), “La mañana de luz” (2019) y “Lo incierto” (2020).

A día de hoy, Antonio Martínez Mengual sigue pintando, inspirado siempre por la poesía, por sus innumerables viajes, y por la mitología y la luz de Grecia, país que sin duda alguna ha marcado una grandísima parte de su obra, estando considerado como una figura indispensable en el panorama cultural murciano.

El pintor Antonio Martínez Mengual ha estado siempre muy relacionado con nuestro municipio, no podemos olvidar que, en dos ocasiones, consiguió alzarse con el Primer Premio de nuestro Concurso de Pintura, la primera sería en el año 1987 con su obra “Orilla del Mar” y en el año 1992, por segunda vez, con la obra “Camino Sagrado”.



Desde Ayuntamiento de Fuente Álamo de Murcia

El intérprete de los dioses


Antonio Martínez Mengual - Fotografía de José Carlos Nievas

«La sensibilidad es como un filtro por el que pasa todo»

Antonio Martínez Mengual

por Ariana G. Company

Lo incierto, último trabajo de Antonio Martínez Mengual, hace referencia a ese mundo frágil y desconocido que genera emoción, sensibilidad o locura, sensaciones que el artista ha moldeado en una muestra pictórica que se exhibió en la galería murciana Chys.

El proyecto
El proyecto de Antonio Martínez Mengual (Murcia, 1948), titulado Lo incierto, surge de una experiencia sensorial y de un lugar en Grecia denominado Eleusis, una «referencia a la historia de la mitología y a la diosa Deméter, venerada en el lugar», explica el autor.

Su visita a la ciudad griega, en varias ocasiones, le ha permitido elaborar un amplio proyecto pictórico del que mostró una selección en la galería murciana Chys hasta el pasado 28 de febrero, un conjunto de obras cuyo diálogo se extiende desde la arquitectura de la sala hacia el estudio del artista, donde reposan los trabajos preparatorios, bocetos, esquemas, notas, libros y fotografías, fruto de una extensa investigación.

Las partes que componen la exposición son cinco, «la primera, formada por personajes representados alrededor de una figuración; después, un espacio que se corresponde con un lugar exacto denominado Pozo de Eleusis; la serie Nocturno; las abstracciones, tituladas El secreto de las palabras y, por último, Misterio, el episodio final», aclara, que resume la idea de la muestra. Pero la visita comienza en el exterior, en el escaparte, donde se exhibe «un paisaje real, una colina con un área arqueológica muy grande que el visitante va recorriendo por partes»; es la obra Rumor antiguo I, una invitación o introducción al tema.

«La figuración está ahí como está aquí –afirma señalando una obra- y después hay un espacio más abstracto, una arquitectura de un templo imaginado y derruido, que también controla la mirada por los colores amarillos, dorados, y su combinación con el negro que se convierte en verde y juega con la estructura», advierte. El color amarillo marca el inicio del recorrido porque aquí la pintura emociona y produce sensaciones: «es un color que a veces está maldito, pero yo lo considero básico y fundamental para elaborar un trabajo».

Serie "Lo Incierto" (Collage s/papel 50x35 cm)

El uso del color
La obra de Martínez Mengual juega «a sentir la sinestesia –escribe el poeta ciezano Daniel J. Rodríguez en el texto del catálogo editado con motivo de la exposición-. Los pigmentos actúan como palabras que acarician la perfección del verso; el poema torna a luz remota donde el verbo se convierte en un rojo intenso y el adjetivo transmuta en el último azul manchado por la espuma. Aquí el suave susurro del pincel cuando rasga el lienzo deriva en una remota melodía, cantada por los hombres del pasado».

«¿Por qué hay tanto negro y gris?, dirás»- pregunta Mengual. «Porque el episodio es dramático. El origen es una tragedia. Es un secuestro. Pero, ¿quién la secuestra? Ares, dios del inframundo, entendido no como el infierno sino como la parte oculta de la tierra –constata. La hija no está aquí representada porque la tragedia se centra en la madre», sostiene.

Sin embargo, en esa referencia al inframundo no está latente el componente filosófico: «la filosofía viene después. Es el paso siguiente; cuando empieza a celebrarse el culto a la diosa se origina una filosofía de la vida», aclara.

Las fuentes de este proyecto nos conducen a Ovidio y los Himnos Homéricos, que sirven al artista como base teórica, cuya investigación se completa con las visitas al lugar: «ahí aparece lo sensorial, lo filosófico o lo místico, porque hay un sentido de las cosas, de la vida».


Serie "Antorchas" (Acrílico s/papel 100 x70 cm)


[Sentado frente a mí en la galería se muestra relajado. El respaldo de tela de las sillas nos ayuda a adoptar una posición cómoda. De vez en cuando nos interrumpen las voces que entran y salen de la sala, pero no eleva la voz sino que la aparta, girando la cabeza. Su tono es suave, agradable, como el grácil gesto de sus manos. Susurra y aprieta las rodillas con fuerza, y sonríe, sonríe sin cesar].

Desde esta melodía cromática, la emoción es un componente clave. «Es el origen. Estás allí descubriendo que desde tiempo inmemorial y durante siglos se ha celebrado una ceremonia que ha permitido el mantenimiento de la veneración de la diosa y el reconocimiento de la tierra, del mundo, que ella otorga a la humanidad al enseñarnos el cultivo de la agricultura, especialmente del cereal».

Un concepto muy amplio que concreta en las obras «básicamente trabajando y tratando de retener esos pensamientos, escribiéndolos o elaborando el trabajo –dice. Son pequeños capítulos (personajes, palabra o tipos distintos de figuración) y mientras trabajas vas pensando qué emoción me produjo, qué me pasó en aquel sitio, qué palabras son las que he leído. Trabajo sobre una mezcla de interpretaciones e información. Y también imagino, porque ese Nocturno es imaginado».


«Tienes que dejarte llevar por el cuadro porque también impone sus ritmos y su idea»


Antonio Martínez Mengual - "Andante 001"


Texturas y técnica
«¿La imaginación conecta con el plano de la abstracción de forma directa?» -pregunto. «Sí, pero la imaginación tiene que estar desde el principio, para la creatividad, para tener el estímulo de buscar tu lenguaje y usarlo para formar la arquitectura de las obras».

Asegura el autor que también existe un factor sorpresa: «tienes que dejarte llevar por el cuadro porque también impone sus ritmos y su idea. No sé si es el cuadro o tu cabeza, tu cerebro, que a veces no controlas. Y también los materiales» –en esta ocasión, acuarelas sobre papel y óleos sobre lienzo, componen este proyecto.

El empleo de la técnica en óleo permite diversos efectos, «consigues diferentes texturas al superponer capas de óleo, o bien con pequeños toques de pincel o con la utilización de paletinas grandes que te van estructurando el cuadro, como esos rojos de ahí [señala la obra Misterio]. Son superficies que van componiendo el plano de la abstracción. Si me preguntas por qué hay tanto rojo te diré: por la tierra, por la fertilidad. Y sobre los verdes, la referencia a la naturaleza es obligada en mi obra».

Observamos una gran sensibilidad en las piezas del artista, una extensión de su personalidad y de su compromiso medioambiental: «siempre hay que poner sensibilidad. Es como un filtro por donde pasa todo. A veces inconscientemente sale. Tú estás trabajando y al final de la jornada te das cuenta de que hay un área donde has puesto una sutileza, más cuidado, más atención. La sensibilidad siempre tiene que estar, aunque sea una materia gestual; si no pasa por la sensibilidad no me serviría. Si no me sirve a mí, no tiene sentido».

"Iniciado II" (Técnica mixta s/papel 100x70)

«No confío mucho en hallazgos sorprendentes, aunque luego te sorprendan»


Cómo se enfrenta al cuadro
«Si no te vas a quedar conforme con lo que vas a hacer-añade-, entonces no sigas por ese camino. Es mejor parar, reflexionar o dejar un tiempo para que se enfríe la cabeza y comenzar de nuevo o seguir otro camino. Tanto en ese trabajo como en todo lo que he hecho en mi vida hay sensibilidad, porque es importante para mí. No confío mucho en hallazgos sorprendentes, aunque luego te sorprendan. Pero tiene que ser tu producto y estar de acuerdo con lo que estás haciendo y luchar por conseguirlo. Es una lucha personal entre tú y tu creación, entre tú mismo y el resultado final, que debes de seguirlo de cerca, y en ese control, la sensibilidad es el gran filtro por el que tú pasas. Si no lo ves, dices ¡qué horror!, pones el cuadro de cara a la pared».

«Claro que se descarta obra -prosigue. Luego se insiste. Se retoman [ríe]. Pero al principio dices ¡uf!, esto no es lo que quería», explica.

Martínez Mengual afirma sentirse muy bien con este resultado: «intento disfrutar cada proyecto, y este especialmente, porque cuesta mucho llegar al espacio final, cuando haces a tus hijos libres [refiriéndose a los cuadros], permites que vivan, que sean ciudadanos, que sepan valorar lo que tienen. Esta galería siempre me trata muy bien; a mí y a mis “hijos”. Es un espacio amigo y de amigos».


De la figuración a la abstracción
Su pintura es reposada pero mantiene una gran fuerza; para conseguir eso, su método de trabajo es «empezar de forma figurativa buscando una forma, una figura, un paisaje; y el paso siguiente es analizar lo que has hecho y darle sentido al tema. A veces me detengo en un espacio como las granadas, como el caballo, o como las caras que te están diciendo algo. No de forma detallada o figurativa, pero sí te están diciendo qué elemento es. Después hay otros, como la palabra, donde piensas ¿cómo interpreto yo esas palabras? Porque tienen un contenido, una filología; entonces aprieto el acelerador y busco la abstracción, lo que creo que decimos con las palabras también».



Serie "Antorchas" (Acrílico s/papel 110x70 cm)


En este ejercicio semiológico, «estás viendo un cuadro pero también estás leyendo un poema, son palabras. El equilibrio está en conseguirlo. Pero el espectador también puede interpretarlo aunque no tenga esta información que estamos comentando. Entras aquí y ves la exposición; muchas personas lo han hecho, incluso de otros países, que no coinciden en la lengua y, quizá, tampoco en el pensamiento. Ese conocimiento no es obligatorio para ver una exposición porque ante un cuadro una persona puede vibrar, sentir una emoción, no tienes que entender la obra. Hay que perder el miedo de entrar en los museos».

El autor no se refiere al significado final de la obra sino «al mundo que había ahí, que está detrás: creo que eso es lo que queda en el arte; si el artista ha conseguido expresarlo con su lenguaje y el espectador es sensible al tema, algo quedará. Tú no eres el mismo después de contemplar una exposición; tampoco somos los mismos al entrar y al salir del cine, porque ya has entrado en diálogo con esa obra, sea la que sea».

El poeta Daniel J. Rodríguez define así la obra del artista: «Estas últimas creaciones, fruto de la admiración, la lectura y la destreza, han roto con el miedo ante lo incierto. Con la libertad del que solo espera la experiencia de dialogar con el lienzo o con el papel, el artista se ha lanzado a los más desconocidos orígenes sagrados de los griegos».


«A veces perdemos momentos de alegría porque no somos capaces de sorprendernos»


Lo incierto, título de la exposición, se empapa de estas palabras: «Daniel dice que me he atrevido a tocar ese mundo de lo incierto, por un lado frágil y por otro desconocido, que genera emoción, sensibilidad, locura, gestos, un mundo unido, una materia fundida a la que le vas dando forma. Él hace referencia a mis manos, que contienen un fuego que va construyendo el trabajo».

La muestra es una continuación de su proceder imaginativo y técnico, pero en la búsqueda de cada proyecto afirma generar nuevas ideas: «trato de meter alguna cosa nueva, como estos collages que son papeles de arroz pegados sobre papel de algodón antiguo, que otorgan transparencia». Una técnica, ligada a lo emocional, «que busca siempre una herramienta que se corresponda con la idea: a veces he pintado con hojas o con unos pinceles que hago yo mismo. Si necesitas una herramienta, la construyes».

Porque, en definitiva, hay una parte del artista en cada obra: «te queda tu vida ahí puesta»; una metáfora también del tiempo que, en su opinión, «no está valorado y debería ser la única moneda de nuestra vida».

«A veces perdemos momentos de alegría porque no somos capaces de sorprendernos y, otras, no valoramos momentos de tragedia o de dolor porque lo damos por conocido. Hablo de cosas políticas. Nos vamos moderando. Como individuo te vas aletargando, te insensibilizas. Esos momentos de integraciones y panteísmos entre la persona, la figura, el hombre y la naturaleza, que es su origen y su muerte, no se valoran, y deberíamos hacerlo. No voy a hablar del Mar Menor [sentencia, apesadumbrado]. No voy a hablar del Mar Menor [repite con la voz silenciada, ahogada de emoción]. Porque el Mar Menor que conocerán tus nietos es incierto».

+ Mengual


Antonio Martínez Mengual acaba de cumplir 72 años y valora la salud: «es lo primero, que diría mi abuela. Hay estímulos de la vida que te van diciendo que hay que seguir. Termine o no con esta exposición, o en otro lugar, sigo trabajando, y me gusta tener proyectos en marcha. No me gusta perder el tiempo. Me divierto en el taller. Mientras se seca una cosa voy haciendo otra y eso genera un clima de inquietud que te anima a trabajar», concluye.


Entrevista publicada el 27 de febrero de 2020 en Diario La Opinión

Las imágenes de la entrevista han sido cedidas por José Carlos Nievas

Martínez Mengual: "La sensibilidad es como un filtro por el que pasa todo"

Antonio Martínez Mengual
Fotografía: José Carlos Nievas



Ariana G. Company - 27.02.2020

El nuevo proyecto de Antonio Martínez Mengual (Murcia, 1948), titulado Lo Incierto, surge de una experiencia sensorial y de un lugar en Grecia denominado Eleusis, una «referencia a la historia de la mitología y a la diosa Deméter, venerada en el lugar», explica el autor.

Su visita a la ciudad griega, en varias ocasiones, le ha permitido elaborar un amplio proyecto pictórico del que muestra una selección en la galería murciana Chys hasta este viernes, un conjunto de obras cuyo diálogo se extiende desde la arquitectura de la sala hacia el estudio del artista, donde reposan los trabajos preparatorios, bocetos, esquemas, notas, libros y fotografías, fruto de una extensa investigación.

La partes que componen la exposición son cinco, «la primera, formada por personajes representados alrededor de una figuración; después, un espacio que se corresponde con un lugar exacto denominado Pozo de Eleusis; la serie Nocturno; las abstracciones, tituladas El secreto de las palabras y, por último, Misterio, el episodio final», aclara, que resume la idea de la muestra. Pero la visita comienza en el exterior, en el escaparte, donde se exhibe «un paisaje real, una colina con un área arqueológica muy grande que el visitante va recorriendo por partes»; es la obra Rumor antiguo I, una invitación o introducción al tema.

«La figuración está ahí como está aquí –afirma señalando una obra- y después hay un espacio más abstracto, una arquitectura de un templo imaginado y derruido, que también controla la mirada por los colores amarillos, dorados, y su combinación con el negro que se convierte en verde y juega con la estructura», advierte. El color amarillo marca el inicio del recorrido porque aquí la pintura emociona y produce sensaciones: «es un color que a veces está maldito, pero yo lo considero básico y fundamental para elaborar un trabajo».

La obra de Martínez Mengual juega «a sentir la sinestesia –escribe el poeta ciezano Daniel J. Rodríguez en el texto del catálogo editado con motivo de la exposición-. Los pigmentos actúan como palabras que acarician la perfección del verso; el poema torna a luz remota donde el verbo se convierte en un rojo intenso y el adjetivo transmuta en el último azul manchado por la espuma. Aquí el suave susurro del pincel cuando rasga el lienzo deriva en una remota melodía, cantada por los hombres del pasado».

«¿Por qué hay tanto negro y gris?, dirás»- se pregunta a sí mismo. «Porque el episodio es dramático. El origen es una tragedia. Es un secuestro. Pero, ¿quién la secuestra? Ares, dios del inframundo, entendido no como el infierno sino como la parte oculta de la tierra –constata. La hija no está aquí representada porque la tragedia se centra en la madre», sostiene.

Sin embargo, en esa referencia al inframundo no está latente el componente filosófico: «la filosofía viene después. Es el paso siguiente; cuando empieza a celebrarse el culto a la diosa se origina una filosofía de la vida», aclara.
Las fuentes de este proyecto nos conducen a Ovidio y los Himnos Homéricos, que sirven al artista como base teórica, cuya investigación se completa con las visitas al lugar: «ahí aparece lo sensorial, lo filosófico o lo místico, porque hay un sentido de las cosas, de la vida».

Desde esta melodía cromática, la emoción es un componente clave. «Es el origen. Estás allí descubriendo que desde tiempo memorial y durante siglos se ha celebrado una ceremonia que ha permitido el mantenimiento de la veneración de la diosa y el reconocimiento de la tierra, del mundo, que ella otorga a la humanidad al enseñarnos el cultivo de la agricultura, especialmente del cereal».

Un concepto muy amplio que concreta en las obras «básicamente trabajando y tratando de retener esos pensamientos, escribiéndolos o elaborando el trabajo –dice. Son pequeños capítulos (personajes, palabra o tipos distintos de figuración) y mientras trabajas vas pensando qué emoción me produjo, qué me pasó en aquel sitio, qué palabras son las que he leído. Trabajo sobre una mezcla de interpretaciones e información. Y también imagino, porque ese Nocturno es imaginado».




«¿La imaginación conecta con el plano de la abstracción de forma directa?» -pregunto. «Sí, pero la imaginación tiene que estar desde el principio, para la creatividad, para tener el estímulo de buscar tu lenguaje y usarlo para formar la arquitectura de las obras».

Asegura el autor que también existe un factor sorpresa: «tienes que dejarte llevar por el cuadro porque también impone sus ritmos y su idea. No sé si es el cuadro o tu cabeza, tu cerebro, que a veces no controlas. Y también los materiales» –en esta ocasión, acuarelas sobre papel y óleos sobre lienzo, componen este proyecto.

El empleo de la técnica en óleo permite diversos efectos, «consigues diferentes texturas al superponer capas de óleo, o bien con pequeños toques de pincel o con la utilización de paletinas grandes que te van estructurando el cuadro, como esos rojos de ahí [señala la obra Misterio]. Son superficies que van componiendo el plano de la abstracción. Si me preguntas por qué hay tanto rojo te diré: por la tierra, por la fertilidad. Y sobre los verdes, la referencia a la naturaleza es obligada en mi obra».

Observamos una gran sensibilidad en las piezas del artista, una extensión de su personalidad y de su compromiso medioambiental: «siempre hay que poner sensibilidad. Es como un filtro por donde pasa todo. A veces inconscientemente sale. Tú estás trabajando y al final de la jornada te das cuenta de que hay un área donde has puesto una sutileza, más cuidado, más atención. La sensibilidad siempre tiene que estar, aunque sea una materia gestual; si no pasa por la sensibilidad no me serviría. Si no me sirve a mí, no tiene sentido».

 «Si no te vas a quedar conforme con lo que vas a hacer-añade-, entonces no sigas por ese camino. Es mejor parar, reflexionar o dejar un tiempo para que se enfríe la cabeza y comenzar de nuevo o seguir otro camino. Tanto en ese trabajo como en todo lo que he hecho en mi vida hay sensibilidad, porque es importante para mí. No confío mucho en hallazgos sorprendentes, aunque luego te sorprendan. Pero tiene que ser tu producto y estar de acuerdo con lo que estás haciendo y luchar por conseguirlo. Es una lucha personal entre tú y tu creación, entre tú mismo y el resultado final, que debes de seguirlo de cerca, y en ese control, la sensibilidad es el gran filtro por el que tú pasas. Si no lo ves, dices: '¡Qué horror!', pones el cuadro de cara a la pared».

«Claro que se descarta obra -prosigue. Luego se insiste. Se retoman [ríe]. Pero al principio dices: '¡Uf!', esto no es lo que quería», explica.

Martínez Mengual afirma sentirse muy bien con este resultado: «intento disfrutar cada proyecto, y este especialmente, porque cuesta mucho llegar al espacio final, cuando haces a tus hijos libres [refiriéndose a los cuadros], permites que vivan, que sean ciudadanos, que sepan valorar lo que tienen. Esta galería siempre me trata muy bien; a mí y a mis 'hijos'. Es un espacio amigo y de amigos».

Su pintura es reposada pero mantiene una gran fuerza; para conseguir eso, su método de trabajo es «empezar de forma figurativa buscando una forma, una figura, un paisaje; y el paso siguiente es analizar lo que has hecho y darle sentido al tema. A veces me detengo en un espacio como las granadas, como el caballo, o como las caras que te están diciendo algo. No de forma detallada o figurativa, pero sí te están diciendo qué elemento es. Después hay otros, como la palabra, donde piensas: ¿Cómo interpreto yo esas palabras? Porque tienen un contenido, una filología; entonces aprieto el acelerador y busco la abstracción, lo que creo que decimos con las palabras también».

En este ejercicio semiológico, «estás viendo un cuadro pero también estás leyendo un poema, son palabras. El equilibrio está en conseguirlo. Pero el espectador también puede interpretarlo aunque no tenga esta información que estamos comentando. Entras aquí y ves la exposición; muchas personas lo han hecho, incluso de otros países, que no coinciden en la lengua y, quizá, tampoco en el pensamiento. Ese conocimiento no es obligatorio para ver una exposición porque ante un cuadro una persona puede vibrar, sentir una emoción, no tienes que entender la obra. Hay que perder el miedo de entrar en los museos».

El autor no se refiere al significado final de la obra sino «al mundo que había ahí, que está detrás: creo que eso es lo que queda en el arte; si el artista ha conseguido expresarlo con su lenguaje y el espectador es sensible al tema, algo quedará. Tú no eres el mismo después de contemplar una exposición; tampoco somos los mismos al entrar y al salir del cine, porque ya has entrado en diálogo con esa obra, sea la que sea».




El poeta Daniel J. Rodríguez define así la obra del artista: «Estas últimas creaciones, fruto de la admiración, la lectura y la destreza, han roto con el miedo ante lo incierto. Con la libertad del que solo espera la experiencia de dialogar con el lienzo o con el papel, el artista se ha lanzado a los más desconocidos orígenes sagrados de los griegos».

Lo incierto, título de la exposición, se empapa de estas palabras: «Daniel dice que me he atrevido a tocar ese mundo de lo incierto, por un lado frágil y por otro desconocido, que genera emoción, sensibilidad, locura, gestos, un mundo unido, una materia fundida a la que le vas dando forma. Él hace referencia a mis manos, que contienen un fuego que va construyendo el trabajo».

La muestra es una continuación de su proceder imaginativo y técnico, pero en la búsqueda de cada proyecto afirma generar nuevas ideas: «trato de meter alguna cosa nueva, como estos collages que son papeles de arroz pegados sobre papel de algodón antiguo, que otorgan transparencia». Una técnica, ligada a lo emocional, «que busca siempre una herramienta que se corresponda con la idea: a veces he pintado con hojas o con unos pinceles que hago yo mismo. Si necesitas una herramienta, la construyes».

Porque, en definitiva, hay una parte del artista en cada obra: «te queda tu vida ahí puesta»; una metáfora también del tiempo que, en su opinión, «no está valorado y debería ser la única moneda de nuestra vida».

«A veces perdemos momentos de alegría porque no somos capaces de sorprendernos y, otras, no valoramos momentos de tragedia o de dolor porque lo damos por conocido. Hablo de cosas políticas. Nos vamos moderando. Como individuo te vas aletargando, te insensibilizas. Esos momentos de integraciones y panteísmos entre la persona, la figura, el hombre y la naturaleza, que es su origen y su muerte, no se valoran, y deberíamos hacerlo. No voy a hablar del Mar Menor [sentencia, apesadumbrado]. No voy a hablar del Mar Menor [repite con la voz silenciada, ahogada de emoción]. Porque el Mar Menor que conocerán tus nietos es incierto».

Antonio Martínez Mengual acaba de cumplir 72 años y valora la salud: «es lo primero, que diría mi abuela. Hay estímulos de la vida que te van diciendo que hay que seguir. Termine o no con esta exposición, o en otro lugar, sigo trabajando, y me gusta tener proyectos en marcha. No me gusta perder el tiempo. Me divierto en el taller. Mientras se seca una cosa voy haciendo otra y eso genera un clima de inquietud que te anima a trabajar», concluye.



Artículo original en laopiniondemurcia.es

Martínez Mengual se adentra en ‘Lo incierto’ en la Galería Chys




Carmen García – 24 de febrero de 2020

‘Lo incierto’ es la propuesta más reciente de Martínez Mengual para la Galería Chys; una colección de más de veinte piezas donde el artista murciano, después de una última exposición centrada en la poesía, regresa desde la figuración y sobre todo la abstracción a la Grecia clásica, inagotable fuente de inspiración en su obra.  

Después de su última exposición, que versaba sobre un poema de David Pujante y tuvo lugar en el Laboratorio Artístico del Carmen (LAC), Martínez Mengual (Murcia, 1948) vuelve a la Antigua Grecia. Sin abandonar ese trasfondo de poesía, el artista murciano presenta en la Galería Chys ‘Lo incierto’; un conjunto de más de veinte obras que indagan en el mundo helénico que ha sido una constante en la trayectoria del artista.



El proyecto reúne una selección de trabajos en torno a la ceremonia de iniciación de Eleusis, un enclave griego relacionado con Deméter, diosa de la agricultura en la mitología griega. En ellos, entre los trazos abstractos aparecen referencias a este rito, como sucede en los oscuros tonos de la serie ‘El pozo de Eleusis’, lugar donde Deméter lloró la pérdida de su hija; en ‘Rumor antiguo’, basado en el paisaje y estructura de un templo derruido; en ‘Nocturno’, donde en el azul se entrevé la verticalidad de las columnas, o en ‘Misterio’, la obra que muestra cómo una espiga quiere surgir de entre las ruinas. Unas composiciones que, bien realizadas en rojo y negro, o bien en verdes, azules o negros y grises atravesados de naranjas y amarillos, mantienen en todo momento un juego cromático de complementarios y sorprenden con alguna pincelada de color atrevido que aporta luz al conjunto.

Especialmente llamativas resultan las figuras de las obras que, en blanco y en los tonos rojos, negros y grises que predominan en la sala, muestran una serie de personajes; unos iniciados que participan quizá en el rito de Eleusis y unas diosas realizadas en rojo, en alusión a la fertilidad de la tierra y a Deméter, que según el mito enseñó a los hombres el arte de cultivar.



En esta línea más figurativa también puede verse ‘Caballo de Selene’; la obra que prácticamente da la bienvenida al visitante a la sala y muestra la cabeza de caballo que aparece en el Partenón de Atenas, interpretada en este caso por el artista.

La colección alterna el óleo sobre lienzo con la técnica mixta sobre papel, y muestra en la vitrina del centro de la sala una serie de estudios previos. Contenidos en una caja, suman un total de 95; y conforman la primera serie que Martínez Mengual realizó en torno al tema. Unos bocetos que dejan ver los tonos negros y rojos predominantes en la colección, así como los trazos de inspiración arquitectónica presentes en muchas de las obras.



Una propuesta acompañada por el texto de Daniel J. Rodríguez en el catálogo donde Martínez Mengual vuelve a exponer en su galería de referencia, y que permite al espectador seguir la trayectoria del artista murciano y detenerse en las obras para, desde la eternidad de lo helénico, dejarse sorprender por el color.


Artículo original en elpuntodefuga.es

Andante 001



"Andante001" Tríptico sobre papel.
Antonio Martínez Mengual, 2020
VideoArte José Carlos Nievas
© La Innovadora, proyectos de arte 2020


Martínez Mengual en "ABABOL"

Ilustración de Antonio Martínez Mengual
para la portada del semanario cultural "ABABOL"


Antonio Arco – 8 de febrero de 2020

En el origen de ‘Lo incierto’, la nueva exposición del pintor Antonio Martínez Mengual (Murcia, 1948), que hasta el 28 de febrero puede disfrutarse en la galería murciana Chys -al cuidado de María del Mar Fernández Delgado-, está Homero. Homero y la pasión que siente el artista por Grecia. Amor que viene de muy lejos. Una fuente de inspiración inagotable. Hace dos años, Martínez Mengual viajó a Atenas con un objetivo: que le pillara en la Acrópolis, respirando su magia y rodeado de su paisaje de siglos, la llegada de su 70 cumpleaños. Corría el 23 de febrero de 2018, «el tiempo era cas primaveral y la emoción que sentí todavía la recuerdo. Regresé con las pilas recargadas», cuenta. Sí, Homero y el segundo de sus ‘Himnos Homéricos’, 495 versos dedicados a mayor gloria de Deméter, diosa de la agricultura. En ellos se cuenta cómo Hades/Plutón raptó a la hija de Deméter, Perséfone, con las bendiciones de Zeus, así como la implantación de los conocidos como ‘Misterios de Eleusis’, dedicados a Deméter, y cómo recuperó a su hija.

   En la antigua Grecia, la ciudad de Eleusis, situada al oeste de Atenas y que el creador murciano conoce bien, llegó a ser el centro religioso más importante del mundo pagano. Allí, cuenta Homero, Deméter se detuvo para recobrar fuerzas durante su viaje en busca de Perséfone. Y allí ordenó la diosa que se construyeran un templo y un altar en su honor. Además, tras la alegría del reencuentro entre madre e hija, la primera dio instrucciones a los mandatarios de Eleusis acerca de cómo llevar a cabo estos nuevos ritos. En torno a la vida, la tierra fecundada, las cuatro estaciones que hacen posible el alimento y la supervivencia…

   La exposición ‘Lo incierto’, que comienza en el escaparate de Chys, donde luce la obra ‘Rumor antiguo I’, un óleo sobre lienzo encendido de amarillos y deseos, la integran 21 nuevas obras, realizadas con técnicas mixtas y que, formando un grupo cargado de sugerencias, ensoñación, noches para permanecer despiertos, ritos milenarios y pintura excelente, dan cuenta del dolor y la alegría de vivir que confluyen en el texto homérico.

   Eso ofrece Martínez Mengual en ‘Lo incierto’, un desfile de mitología y sangre. De diosas que tampoco están a salvo de las tragedias, de pozos oscuros, de pesadilla, donde los gritos de los niños se escuchan muy lejanos y del que sube un frío que hiela las entrañas. Y están, a la espera de ser descubiertos por el espectador, las almas de los templos vestidos por la belleza excitante de la ausencia de luz, regodeándose en sus sombras y atentos a las risas de los jóvenes que puedan acercarse a ellos. Y encierra también ‘Lo incierto’ un homenaje a las palabras y una invitación a sentirse vivo por el misterio. Lo que no se ve. Un relámpago interior que lo ilumina todo, y te hace, aunque sea por un instante, más sabio y pleno.

   «Procuro no olvidarme de que ahora soy rico en algo verdaderamente importante: en tener tiempo», dice Martínez Mengual rodeado de sus obras, mientras va saludando amable, sonriente, a los visitantes que se acercan a hablar con él, y a felicitarle por su trabajo.

   A él le gusta contar que Grecia es motor inspirador y paisaje físico del alma. Martínez Mengual -en algunas de sus obras parece fraguarse el origen del mundo, el principio del fin-, ha huido en esta exposición de lo evidente, de lo narrativo, y queda en ella, impregnado de silencio toda la sala, la luz y las sombras inundando la memoria y sustituyendo a los paisajes y los edificios; todo fluye en el torrente de lo misterioso, el reflejo, el destello, y las espigas que aquí juegan a disfrazarse, fundirse, transformarse en sol, sobre un rojo que impone, y en símbolo de prosperidad.


Comunicar
De nuevo, el pintor ha creado sus obras guiado por dos necesidades primordiales: sentirse vivo y comunicar a los demás esa experiencia, a sus 72 años y con muchos proyectos por delante, el primero de ellos el intento de llevar a sus pinturas la libertad y el gozo que anidan en ese texto impagable que es ‘El verano’, de Albert Camus, lo hace desde una nostalgia que no hiera. Solo cultiva «la nostalgia como algo positivo, no negativo, que ayuda al hombre a reflexionar y también a crecer. La nostalgia que te permite valorar qué es lo importante de la vida y que te ayuda a no perder la esperanza». La nostalgia como una fuerza que arrastra a Ulises de regreso a Ítaca, como motor de tránsito, del riesgo, del anhelo y, ojalá, que no de la desesperación.

   «Es un milagro cómo pinta mi poesía», dijo Francisco Brines (Oliva, 1932) de Martínez Mengual, a quien le gustan los viajes y los hallazgos felices que le proporcionan algunos libros. Otro poeta, el joven ciezano Daniel J. Rodríguez, autor del texto del catálogo editado con motivo de ‘Lo incierto’, afirma que entrar en sus obras, en su forma de enfrentarse al hecho de pintar, significa enfrentarse cara a cara con la verdad: la que él ha buscado durante toda su vida y que supone el esfuerzo último -y único- de todos los que han tenido la fortuna de ser tocados por el talento». «Porque Martínez Mengual», añade, «nos da de comer el néctar dulce de la granada, que atrapa al que disfruta su obro, y nos lleva a la necesidad irracional de regresar una y otra vez al contacto con su pintura». Resalta el poeta que, en esta muestra, nos encontramos con «las manos que sostienen las lenguas de un fuego que, incesante, indaga. El silencioso temor de lo que todavía no conocen, Grecia concentrada en el misterio».


Antonio Martínez Mengual fotografiado para "ABABOL"
por Ricardo Martínez Bueso 

Vivir
Misterio. Ya lo hemos nombrado: misterio. Una palabra que le encanta a Martínez Mengual. Lo que todavía puede sorprenderte, lo que te atrapa sin necesidad de ser comprendido. Pronuncia relajado esta palabra: «Misterio». Está tranquilo, está de acuerdo consigo mismo. «Ha llegado ese momento», indica, «en el que una relativa calma te invade; lo vivo todo con menos tensión y, por otro lado, aunque necesito dedicar una gran parte de mi tiempo a la pintura, no me olvido de dejar también espacio para cultivar la amistad, disfrutar de la naturaleza y seguir viendo exposiciones que me interesen».

   «Me gusta vivir«. Lo dice sonriendo. «Y pintando es como mejor me siento. Pase lo que pase, cuando llega el momento de pintar, logro concentrarme y puedo conseguir que la mano sea un instrumento fiel al servicio de lo que estoy pensando y sintiendo. A mi edad, me gusta mucho trabajar [ríe], aunque a veces me arrepiento de hacerlo tanto. ¿Para qué? Yo creo que harán una gran falla cuando yo falte y quemarán toda mi obra en La Glorieta».

   «Yo no entiendo el arte separado de la emoción», reconoce el artista, que está dolido con el estado actual del Mar Menor, que conoce bien y al que le debe muchos momentos de felicidad y que haya hecho de majestuoso modelo para alguna de sus mejores obras. «Solo pido que la Justicia actúe contra los culpables de esta tragedia, dice». 

   Νο, no es casual esta exposición, al igual que no lo son la lluvia, los ríos cristalinos, los mares sin contaminar, Cabo de Palos liberado de gente y las obras de Shakespeare, que Martínez Mengual tenga deseos de hacer de su pintura un himno que cante a las cosas hermosas. Detrás hay muchos años de trabajo en plena naturaleza, además de en su estudio, perdido/buscándose en los paisajes silenciosos y repletos de secretos de medio mundo, en los yacimientos que iluminaron el futuro, en la figura humana… «He viajado a los lugares a los que había soñado ir, y ahora conocer, en Argelia, los lugares de los que habla Albert Camus en ‘El verano’», explica. «Para mí son inolvidables, por ejemplo, la contemplación de las orillas del Nilo, o los olivos de esa joya de importancia mundial que es el Valle de Ricote», destaca.